Durante las últimas semanas hemos llevado a cabo un seguimiento in situ de la fauna rupícola en el Parque Natural Municipal de los Algezares. Nuestro principal objetivo era claro: documentar la presencia del búho real (Bubo bubo), la rapaz nocturna más grande de España.
Desde la primera incursión fuimos
descubriendo señales claras. En una oquedad de un escarpado roquedal
localizamos egagrópilas, huesos de presas y manchas blancas de excrementos,
indicios inconfundibles de actividad de nuestro animal. A pesar de varias
semanas de paciencia y revisiones, las cámaras trampa que habíamos colocado estratégicamente
sólo registraban a otras especies típicas de estos entornos: collalba negra,
roquero solitario, cernícalo, así como otras más ubicuas como mochuelo, jabalí,
zorro o garduña, testigos de la riqueza faunística del lugar.
Decidimos, entonces, mantener una de las
cámaras en la oquedad y trasladar otra a una vieja ruina cercana, donde se
observaban manchas blancas en un saliente del derruido muro. Y fue allí, en una
noche tranquila, cuando ocurrió. La cámara captó por fin la imagen tan
esperada: un búho real adulto, tranquilo, acicalando su plumaje y vigilando el
entorno desde su posadero. El comportamiento mostraba confianza, lo que indica
que la ruina forma parte de su territorio habitual. La imponente ave permaneció
en este lugar durante media hora.
Esta observación confirma la presencia
estable del búho real en el área y refuerza su papel como “especie paraguas”
del ecosistema rupícola mediterráneo. El hecho de que use tanto cortados
naturales como estructuras humanas abandonadas demuestra su capacidad de
adaptación y la importancia de conservar estos espacios mixtos donde naturaleza
y pasado humano se entrelazan.
