Es uno de los carnívoros más extendidos por todo nuestro
término. En la estación de observación de Quincoces hemos conseguido imágenes del ubicuo mustélido. También hemos logrado citas seguras de garduña en otros puntos del
término municipal: Sierra de Ors, Sierra de la Ofra y Sierra de la Horna.
Es de esas especies que fácilmente podemos filmar y estudiar
ahora gracias a la capacidad de grabación nocturna de los dispositivos de
fototrampeo; sin estos ingenios, por sus hábitos nocturnos, sería harto complicada su observación. La
garduña (Martes foina) es un mamífero carnívoro de la familia Mustelidae,
conocido por su cuerpo esbelto y flexible, que mide entre 40 y 55 cm de
longitud, con una cola de 20 a 30 cm. Su pelaje es marrón oscuro, con una
característica mancha blanca en el pecho que se extiende hasta las patas
delanteras. Su cabeza es alargada, con orejas pequeñas y redondeadas, y ojos
oscuros que le otorgan una excelente visión nocturna. La garduña habita en una
variedad de entornos, desde zonas arboladas y de matorral hasta áreas rurales y
urbanas, adaptándose fácilmente a diferentes hábitats. El peso de la garduña
oscila entre 1 y 2.3 kg, siendo los machos generalmente más pesados que las
hembras.
(Garduña rastreando por la orilla del Tarafa en el tarayal
de Quincoces)
Este animal es mayormente nocturno y solitario, marca su
territorio con secreciones de glándulas anales y faciales. Su dieta es omnívora
y variada, incluyendo pequeños mamíferos, aves, huevos, insectos, frutos y
carroña. La época de celo ocurre en verano, con un período de gestación de
aproximadamente 9 meses debido a la implantación retardada del embrión. ¡
camadas suelen tener entre 2 y 4 crías, que nacen en primavera y son
dependientes de la madre durante los primeros meses de vida. En nuestro
territorio la garduña parece muy común. En algunos lugares se considera una
plaga por sus incursiones en gallineros y otras propiedades rurales. El estado
de conservación de la garduña es de "Preocupación Menor" según la
Lista Roja de la UICN.
En cuatro localizaciones de nuestro término hemos registrado
imágenes de la gineta, la "bella matadora" como la llamaba Félix Rodriguez de
la Fuente. Son, además del soto del Tarafa en Quincoces, Upanel, Tolomó Alto y Los
Algezares. Es una grata noticia que este hermoso carnívoro aparezca tan
extendido en nuestro territorio. Aquí, también se le conoce como "siveta".
(Bella gineta en el paraje de Upanel)
La gineta es una especie de vivérrido, la única existente en
El Continente Europeo. Procede de África y muchos biólogos han sostenido que
fue introducida en la península ibérica a partir del siglo VIII por los
musulmanes, aunque actualmente esta hipótesis es objeto de debate. Es un animal
de costumbres y hábitos nocturnos, gran cazador y controlador de roedores. Como
el zorro o la garduña hace gala de un importante eclecticismo, llegando a
aprovechar una gran variedad de recursos, sin desdeñar las basuras y
desperdicios urbanos. De este modo, la gineta es un excelente ejemplo de cómo
una especie puede adaptarse a diferentes entornos, desde bosques hasta áreas
urbanas, manteniendo sus hábitos y comportamientos característicos que la hacen
única en la fauna ibérica. Su cuerpo mide entre 40 y 50 cm, con una larga cola
Anillada de hasta 45 cm. Su peso varía de 1 a 3 Kg. El pelaje es denso y suave,
generalmente gris con manchas negras, y su cabeza es pequeña y alargada, con
grandes ojos adaptados a la visión nocturna y orejas redondeadas. Busca refugio
en madrigueras, huecos de árboles, cuevas y edificios abandonados. Es muy buena
trepadora.
La hemos grabado marcando su territorio con secreciones de las
glándulas anales, también trepando por un pino para huir de la presunta amenaza
de un zorro. La época de celo varía según la ubicación geográfica; puede
reproducirse dos veces al año, con un período de gestación de 10-11 semanas.
Nacen entre 1 y 4 crías, que abren los ojos alrededor de los 10 días y son
destetadas a los 2 meses. La población de gineta es estable, quizá más
abundante de lo que se pueda pensar.
Hasta la fecha hemos tenido la suerte de grabar a este animal en tres ocasiones. En sendos videos lo vemos remontar el río, salir del agua y desplazarse por la orilla. Creemos que se trata de un mismo ejemplar pero cabe la posibilidad de que sean individuos diferentes.
Teníamos noticias de su presencia en el Pantano de Elche y río Vinalopó, por eso considerábamos plausible, teniendo en cuenta además que el territorio de campeo de la nutria suele ser bastante extenso, que algún miembro de la especie se desplazará aguas arriba hacia el Tarafa para explorar el terreno, buscar alimento o, tal vez, encontrar algún lugar discreto donde establecerse. Animados por esta idea, emprendimos la búsqueda de tan fascinante animal y decidimos elegir un rincón apropiado a orillas de nuestro río, fuera de la zona urbana, en el soto de la partida de Quincoces, para colocar una de nuestras cámaras de fototrampeo de forma permanente. . Con este dispositivo, si la fortuna nos sonreía, podríamos obtener imágenes del gran mustélido semiacuático. Así comenzó esta aventura.
Solo un mes después de la colocación del dispositivo espía, apareció ante él, activando sus sensores de movimiento, en el crepúsculo que precede a un nuevo día, un buen ejemplar de nutria. Objetivo cumplido. Nuestras especulaciones quedaban confirmadas y nos felicitábamos por la importancia del Hallazgo. Dos semanas después volvimos a grabarla, obteniendo una breve pero espectacular secuencia de imágenes.
Tuvieron que pasar más de dos meses para disfrutar de un tercer encuentro en pleno verano.
Las citas relevantes quedaron registradas en el Banco de Datos de Biodiversidad de la Comunidad Valenciana, en cuya página web pueden ser consultadas: https://bdb.gva.es/es/.
A nuestro entender, estos registros han significado todo un hito ecológico, pues, hasta hace bien poco, este animal se encontraba en toda la Comunidad Valenciana en peligrosa regresión, al borde de la extinción, debido, sobre todo, a la degradación de sus hábitats y a la contaminación de los ríos. Además, a nivel local, es la primera vez que se documenta su presencia en el Tarafa. La aparición de la nutria en el cauce de nuestro río es una gran noticia pues nos habla, por un lado, de la recuperación de la especie y, por otro, de un curso fluvial suficientemente sano por reunir las condiciones adecuadas para su supervivencia. Si bien puede parecer algo extraordinario o excepcional, lo cierto es que "como especie semiacuática, las nutrias mediterráneas, aunque también sean comunes en grandes Ríos, Lagos y Marismas, viven más frecuentemente en ecosistemas con presencia de agua limitada, esto es, cursos de dimensiones medias o pequeñas (anchuras de lámina de agua de 2-15 m.), arroyos, y masas de agua más o menos temporales, dentro de estos ambientes, la nutria es principalmente una especie ecotónica, propia de la interfase agua-tierra y de las zonas cercanas a esta." Así pues el Tarafa a su paso por el paraje de Quincoces cumpliría con los requisitos de biotopo predilecto de la nutria mediterránea.
La nutria es una especie muy sensible a la contaminación del agua, especialmente a sustancias tóxicas como los pesticidas y los metales pesados. Su presencia puede indicar, por tanto, niveles bajos de contaminantes y un buen estado general del agua. El comportamiento de la nutria es fascinante: es un animal solitario y territorial, pero muy sociable dentro de las unidades familiares, especialmente entre las madres y sus crías. Es principalmente nocturno y crepuscular, y su dieta se basa principalmente en peces, anfibios, crustáceos y otros organismos acuáticos, sin menospreciar pequeños mamíferos y aves acuáticas. Concretamente, en este apartado, es notable el caso del cangrejo americano, una especie invasora (muy presente en la Tarafa) que está ayudando a la nutria, una especie autóctona, a recuperarse y prosperar en los hábitats acuáticos de la región al convertirse en la base de su alimentación. Este crustáceo, que se ha adaptado y proliferado en numerosos cuerpos de agua de toda España, se ha convertido, según investigaciones solventes, en una fuente de alimento abundante y accesible para las nutrias, favoreciendo su dieta y su supervivencia. La salud y abundancia de las poblaciones del cangrejo invasor también reflejan la aceptable calidad del agua, ya que estas criaturas son igualmente sensibles a la contaminación y al buen estado de sus orillas. La vegetación ribereña y una estructura de ribera saludable, como pueden ser los tarayales que cubren las orillas del Tarafa en su tránsito por Quincoces, resultan esenciales para la nutria pues facilitan los desplazamientos seguros y la disponibilidad de refugios y zonas de encame.
Por todo lo señalado, la recuperación de la especie en nuestra región puede interpretarse como una señal de que los ecosistemas fluviales locales, los cauces del Tarafa y Vinalopó en el caso de Aspe, vuelven a tener unas condiciones aceptables para la vida animal.
(Fotografía de un zorro (Vulpes, vulpes) obtenida en
la Sierra de la Ofra.)
El zorro es un mamífero conocido y de fácil identificación.
Es un animal muy popular, protagonista frecuente de cuentos y leyendas. Entre
nosotros, son comunes las viejas historias sobre "rabosas" que bajan de las
sierras al anochecer para causar estragos en corrales y gallineros. Es proverbial la astucia de este animal. Lo más característico de su fisonomía es
su larga y poblada cola, utilizada como estabilizador en sus carreras y que le
da el nombre de "raposo" o, en Aspe, "rabosa". Tiene una cabeza grande y ancha,
con un rostro enmarcado por grandes orejas y un hocico puntiagudo. Su peso
promedio oscila entre los 3 y los 9 kilogramos, siendo los machos de mayor
tamaño, llegando algunos grandes ejemplares a acercarse a los 15 kg. El
exterminio del lobo hace más de dos siglos lo convirtió en el único cánido
salvaje de nuestros campos y montes.
Su organización social varía, existiendo individuos
solitarios, emparejados o formando pequeños grupos familiares. Su época de celo
es en invierno, con partos en primavera. La descendencia varía entre una y
siete crías, que se dispersarán del núcleo familiar al finalizar el verano. Los
zorros son precoces y pueden reproducirse a partir del primer año de edad.
Aunque pueden verse a la plena luz del día, su actividad es principalmente
nocturna o crepuscular. Más que ser un carnívoro especialista, es un omnívoro
oportunista, capaz de aprovechar todo tipo de recursos. El zorro siempre
encontrará algo con lo que alimentarse. Esta adaptabilidad, junto con su alta
capacidad reproductiva y la ausencia de enemigos naturales (lobo o lince),
explica su abundancia. Su dieta incluye alimentos variados, desde frutas y
vegetales hasta insectos y carroña, pasando por carne de aves, pequeños
mamíferos, crustáceos y peces.
https://www.youtube.com/watch?v=Zba8b8zFc4M
El zorro está distribuido por toda la península ibérica, faltando
en las islas. En la Comunidad Valenciana está presente en todo el territorio,
siendo el carnívoro silvestre más común y extendido. En Aspe, hemos conseguido
citas de zorro en todos los lugares, sin excepción, donde hemos dejado un
dispositivo de fototrampeo: Uchel, Tolomó, Upanel, Algezares, Sierra de la Ofra,
Horna y Quincoces. También puede merodear y ser avistado en zonas agrícolas e
incluso moverse en entornos urbanos en busca de basura y desperdicios. Lo hemos
visto en las inmediaciones de la urbanización de Santa Elena y en las cercanías
de la de San Isidro.
Desde tiempos pasados, la caza del zorro ha sido implacable
por ser considerado una amenaza para especies cinegéticas y animales domésticos
o de corral. Incluso las autoridades promovían e incentivaban su exterminio,
como sucedía en nuestro pueblo, cuando el ayuntamiento pagaba una suma en metálico a los cazadores por cada zorro abatido. Hoy en día, sigue
siendo intensamente perseguido para controlar su alta densidad, especialmente
en cotos de caza. Para hacernos una idea, en la Comunidad Valenciana, según
estadísticas cinegéticas, se mataron más de 14.000 zorros en la temporada
2010-2011.
En nuestro término municipal, la especie está muy amenazada
por la sarna, una enfermedad cutánea provocada por un ácaro que puede
transmitirse a animales domésticos e incluso al hombre. Sabemos que muchas
veces la sarna actúa como regulador natural de la sobrepoblación de estos cánidos.
Los ejemplares infectados sufren de picazón intensa, pérdida de pelo,
infecciones secundarias y, en casos graves, pueden morir debilitados por la
enfermedad. Hemos observado varios individuos
afectados, algunos altamente deteriorados, sin pelo, extremadamente débiles y
Flacos, más parecidos a pequeños y desnutridos podencos que a un raposo sano.
Los zorros también pueden transmitir otras enfermedades como el moquillo o la
rabia.
Entre los comportamientos registrados por nuestras cámaras de fototrampeo destaca la estrategia del raposo de excavar despensas donde entierra y acumula
restos de alimento para consumirlos posteriormente. Con una capacidad gástrica
de 300-400 gramos, muchas de sus presas no pueden ser devoradas de una sola
vez. Al guardar el sobrante, el animal se asegura reservas de comida para
épocas de penuria. La longevidad del zorro es de 10-14 años, aunque en la
naturaleza, su esperanza de vida suele ser mucho más corta.
(Raposo
con un conejo en sus fauces cruzando delante de nuestra cámara. Soto del Río
Tarafa, paraje de Quincoces).